Carta de Jone desde Madrid

Jone Martinez se marcho el año pasado a Madrid para continuar sus estudios de clásico en la escuela de Victor Ullate.

Carta de Jone

Me habéis visto reír, llorar, crecer y madurar; habéis aguantado las tonterías, me habéis aconsejado cuando no sabía qué hacer; me habéis echado la mayor bronca cuando había que echarla, pero también me habéis cosido a abrazos, lo que ha hecho que ame los abrazos eternos ; me habéis dejado estudiar en el despacho y en total silencio cuando tenía que estudiar para un examen, me he calentado la comida en el microondas de Ando, estudiado biología como espectadora de las clases de flamenco de María Martín; habéis abierto la escuela en días no laborables y festivos para que ensayara… Y suma y sigue.

Me habéis despertado, hecho que ame la danza y tome conciencia de todo lo que supone. Me habéis hecho muy fuerte mentalmente para poder afrontar todo lo que supone físicamente. Cuando la gente te dice que tal o cuál cosa es dura, no te imaginas, nunca, hasta qué punto puede serlo. Muchas veces son exageraciones… Pero otras no.
Esta es una de esas situaciones.
Para esta profesión necesitas ponerlo todo, porque tu todo es bailar.
Sé que suena raro y difícil, pero si no lo haces, no puedes afrontar el reto que supone bailar.
Sin embargo, te da tanto… Que no importa, que cambias una cosa por otra. Cambias porque para los bailarines bailar es nuestra vida. Una persona que nace para bailar, y no lo hace, no podrá jamás realizarse, nunca hará lo que ha venido a hacer. Y esto pasa con cualquier profesión, porque la profesión te elige a ti, y cuando eres tú quien la elige, jamás eres feliz. Me explico: si tú has nacido para ser inventor, pero lo dejas por astronauta, nunca vas a ser tu máximo. Hay que pelear por lo que uno siente y no avergonzarse. Mantenerse ahí cuando todo indique lo contrario.
Y Dantza Eskola despertó eso en mí. Un instinto muy pequeño que me empujaba a bailar, aunque casi nadie entendiera mi sacrificio ni mi elección, porque ni yo misma lo entendía. De repente empecé a sentir que yo lo que quería era bailar, y eso que ya había planeado ir a la Uni… Estaba a puñetazo limpio con lo que se supone que debería hacer y con mis sentimientos e impulsos. Aún hoy, hay mucha gente que me convence para que lo deje. Pero quería más y me vine a Madrid, con todo lo que suponía y la situación tan dura a la que me enfrentaba.

Dentro de una profesión, cada uno llega a donde proyecta que va a llegar. Es decir, si una persona aspira a ser el mejor del mundo, acabará siéndolo, porque el mero hecho de tener esa meta le lleva a trabajar de tal forma que llegue a donde se ha propuesto. Y aunque tengas un día malo, una época dura, tienes que seguir trabajando por ese sueño, esa ilusión que muchos no entienden y que la mayoría valora como locura o pérdida de tiempo, porque es tu objetivo en la vida. Eso es lo que has venido a hacer. Pero tienes que estar seguro de que eso es lo que quieres. Tener la mente clara. Dantza Eskola también me enseñó a aclararme y mantener conmigo misma un diálogo sincero.
Cuando pasas un buen momento en tu carrera, tienes que disfrutarlo, saborearlo, afrontarlo con humildad y con constancia mental y física para nutrirte para lo siguiente, para seguir trabajando, porque esto no para nunca. Aunque uno no lo crea, se lleva el trabajo a casa siempre, porque la profesión y el ser humano son uno. Y por eso esto nunca para. La danza es una droga, es imposible de dejar.
Aún cuando has acabado hasta el culo de bailar, de medir lo que comes hasta la obsesión, de desgastar tus articulaciones… Etc, sigues. Montas una escuela, un espectáculo, haces coreografías, das clases, te apuntas a break dance…

En el momento en el que yo estoy, la danza me supone entrenamiento diario, y muchas veces, es fácil encallarse en un bucle maligno y no salir de ahí. Por eso, debo a Dantza Eskola la fuerza mental y la preparación psicológica.
Llegué a Madrid con muchas ideas y conceptos que a mis compañeros jamás les habían enseñado y que no han asimilado. Gracias a mi preparación y conciencia del cuerpo, he sido capaz de conseguir ponerme a su altura en un año y medio. Por eso, Dantza Eskola es especial. Porque saben lo que hacen y que la mente, es lo más importante. Nos la trabajaron bien; y una vez que tienes eso y con mucho esfuerzo, he visto que se puede llegar a donde te propongas. Pero para eso tienes que tener la mente clara y no mentirte nunca a ti mismo, ni ocultar lo que eres en mentiras. Tienes que tener una imagen en la que te quieres convertir y por la que tienes que sudar sangre. Pero merece la pena, porque la danza enriquece mi vida, y en medida que esta se enriquece, mi danza también lo hace. La una sin la otra, no son posibles. Son indivisibles.

Así que, en Dantza Eskola aprendí que el bailarín ha de ser versátil e investigar en los otros tantos cientos de danzas. Aprendí y crecí en muchos sentidos. Durante esa etapa de mi vida formé parte de esa familia tan grande que es Dantza Eskola.